Biomímesis, la cosmética inspirada en la naturaleza

Desde la antigüedad la naturaleza ha sido un modelo de inspiración para el ser humano. Hoy día existe una rama de la biotecnología que imita sus procesos para aplicarlos al mundo de la cosmética.

La naturaleza es una fuente de recursos inmensa, pero no es sólo eso. Ésta nos guía, nos enseña a protegernos, a cuidarnos y  a  envejecer con salud. De hecho, la idea de imitar a la naturaleza no es nueva, ni siquiera es de nuestro tiempo. Los pueblos indígenas en la antigüedad, de manera consciente o fruto del azar, se servían de las soluciones que les daba la naturaleza para solventar sus problemas.

Hoy día la ingeniera y la ciencia buscan respuestas en lo artificial, pero también se apoyan en las soluciones que ha encontrado la biosfera tras millones de años de evolución. Y el mundo de la cosmética no iba a ser menos y ha avanzado mucho en investigación y desarrollo, por ello la biotecnología aplicada a la cosmética es ya una realidad. Y prueba de ello es que las grandes firmas cosméticas cuentan en sus equipos no sólo con químicos para elaborar las formulaciones, sino también con médicos, biólogos o biomédicos.

¿Qué es la biomímesis?

Empecemos por explicar que la biotecnología es la ciencia que implica toda aplicación tecnológica que utilice sistemas biológicos y organismos vivos o sus derivados para la creación o modificación de productos o procesos para usos específicos. Y aplicada a la cosmética, es una rama  que  se  dedica al cuidado estético de los seres humanos, utilizando organismos y células mediante análisis biológicos, microbiológicos y toxicológicos, entre otros. Sus principales objetivos son: la obtención de vitaminas, antioxidantes y proteínas; la obtención de células madre fitovegetales para poder usarlas en el cuerpo humano; así como acceder al material genético, el ADN y proteínas de células vivas para aplicarlas a la cosmética.

Por su parte la biomímesis (de bio, vida y mimesis, imitar, “imitación de la vida”), es una nueva forma de aprovechar lo que la naturaleza nos ofrece. No se trata de lo que podamos extraer de ella para el beneficio humano, sino de lo que podemos aprender para nuestro desarrollo. Gracias a la investigación se ha conseguido aplicar a la cosmética enzimas protectoras de la piel, que han sido sometidas a temperaturas extremas y han sobrevivido. Esta práctica en concreto se conoce como extremozyme, una técnica patentada que  utiliza en sus formulaciones enzimas altamente especializadas, desarrolladas a través de la selección natural y que sobreviven en condiciones extremas de presión, calor, frío y radiación. Estas enzimas protegen las células de la piel del daño que causan los agentes exteriores, ayudando a proteger y reparar la piel de una forma sin precedentes y muy eficaz.

Usos de la biomímesis

Con la biomímesis se busca el cuidado y la regeneración de la piel, tratando de minimizar los efectos de la contaminación ambiental sobre el cuerpo humano que provocan la deshidratación. También se lucha contra los signos más visibles de la edad en la piel como las manchas, las arrugas, la sequedad y las rojeces producidos por no cuidar la dermis adecuadamente, por no protegerse o por utilizar cosméticos con un alto porcentaje de elementos químicos, que son los más usados por la población por su precio más económico.

Fruto de la investigación, se ha descubierto que las células madre vegetales tienen propiedades regenerativas que se comienzan a aplicar en los tratamientos anti-edad. Las células madres fitovegetales poseen gran cantidad de sustancias proactivas esenciales como aminoácidos, lípidos, carbohidratos, minerales y antioxidantes que se convierten en principios activos muy potentes y eficaces. Bien vehiculizados a través de liposomas pueden incluso actuar en capas profundas de la piel. Por lo que se concluye que las células madres vegetales ayudan a la regeneración de la piel al potenciar los efectos regenerativos y protectores de las células madre humanas.

Además, ha surgido una nueva tendencia de incorporar a las cremas de uso diario un complejo anti-polución APC (Anti Pollution Complex). Todos los productos con esta tecnología deben llevar una pegatina que contenga estas siglas. Este complejo activo está constituido por una serie de extractos vegetales extraídos mediante procesos tecnológicos, con el objetivo de conseguir principios con acción antioxidante frente a la generación de radicales libres. También poseen un efecto quelante, es decir, de neutralización sobre los metales pesados, además de una pro- tección de las membranas celulares de la piel frente a la agresión de los agentes externos y de una acción hidratante.

Asimismo, se ha descubierto que las plantas se protegen de los efectos nocivos del sol gracias a unos fotoreceptores entre ellos el uvr8, una proteína que avisa a la planta para que se proteja. Lo hace a través de los fitoesteroles, moléculas orgánicas que forman parte de la membrana celular. El ser humano no las posee y debe incorporarlas en la dieta pero ahora, tras las investigaciones y el desarrollo científico, lo tenemos en cosmética. Estos elementos se añaden para proteger los daños celulares ocasionados por el sol, igual que se protegen las plantas.

Activos más utilizados

Poco a poco, estos avances llegan a la piel a través de activos como los fitoesteroles de la uva, de la grosella y la quercetina, que es un flavonoide que se extrae del árbol de la miel y actúa como antioxidante.

Destaca también la flor de las nieves. Se ha podido extraer su esencia para incorporarla a la cosmética con el objetivo de que los activos de esta flor, que soporta condiciones climáticas extremas, proporcione al mundo de la cosmética una buena herramienta para proteger la piel del envejecimiento. La flor de las nieves tiene una comercialización restringida, por lo que el cultivo de esta planta para uso cosmético se cultiva de forma controlada en Suiza.

Por otro lado, para combatir la flacidez o ayudar a las pieles de mujeres en la menopausia, el silicio orgánico ha demostrado una eficacia sin igual. El silicio inorgánico, presente en la corteza terrestre en forma de arena, es absorbido por las plantas que lo convierten en silicio orgánico y lo transforman en fitolitos, una forma de silicio que puede ser asimilada por el hombre. El silicio en las plantas es un elemento esencial, ya que actúa de escudo protector frente al estrés abiótico y biótico, o lo que es lo mismo, a patógenos como virus o bacterias, el clima, así como el sufrimiento hídrico por falta de agua.

Además las empresas cosméticas han incorporado a las formulaciones activos como la cola de caballo, una planta con alto contenido en silicio, o la tomatera para que la piel goce de protección tanto de factores biológicos como de bacterias, el clima y el paso de los años. Las cremas con contenido en silicio aportan esa protección dando a la piel firmeza y herramientas para protegerse del propio envejecimiento.

Y muy similar es el caso de la ortiga blanca, considerada hasta hace poco una mala hierba, y que consigue mitigar la dermatitis, el acné o las irritaciones. Esta planta, que sobrevive en circunstancias muy secas, cuenta con elementos de captación y aprovechamiento del agua por lo que, aplicada a la cosmética, tiene propiedades humectantes y suavizantes.

Tras todo lo expuesto, concluyo que las marcas cosméticas que apuestan por la biotecnología son dignas merecedoras de nuestro apoyo y felicitación, ya que detrás de estas investigaciones hay mucha inversión en tiempo y dinero. No todas las cremas son iguales, ni todas cuentan con los mismos efectos, por lo que no todas pueden ser económicas. Es nuestra responsabilidad saber elegir la cosmética y apoyar a aquellas empresas que no sólo cuidan nuestra piel y nuestra salud sino que, además, cuidan la naturaleza, la apoyan y la protegen.

Cuca Miquel
Experta Universitaria en Cosmética y Dermofarmacia.
Directora Estética de Todo en Belleza.
www.todoenbelleza.es