Mitos de la alimentación

Nuestra alimentación está basada en hechos empí­ricos, es decir, en cuestiones de tradición, cultura y religión de dónde vivimos e incluso de factores económicos. Pero hay cuestiones que no dependen de estos factores, sino que son ideas sin mucho fundamento las que existen en relación a la alimentación.

 

0003885bPor: Raquel León Larios

Tenemos información sobrelo que comemos, sobre cuándo lo comemos o cómo lo comemos porque nuestras abuelas lo hací­an así­ (y si ellas lo hací­an, bueno era). Es cierto que un buen caldo de pollo ayudaba a sobrellevar los resfriados; o que una manzanilla contribuí­a a solventar problemas gastrointestinales. Gracias a la ciencia muchos de esos conocimientos han sido probados, pero otros en cambio no.

El problema es que es muy fácil hablar de nutrición y hacer afirmaciones sin base médica, poniendo en riesgo la salud en algunos casos. Muchas afirmaciones no se emiten ni siquiera en base a la tradición y hay que entender que la alimentación de cada persona es una cuestión individual, ya que ni todos comemos lo mismo ni a todos nos sientan igual de bien los mismos alimentos.

Con esto quiero decir que no se puede hacer una lista de qué alimento es bueno o malo. Tenemos que aprender que una alimentación adecuada es una alimentación equilibrada, sana y moderada.

Vamos a tratar de entender algunos de estos mitos que existen y ver cuáles no se basan en ninguna afirmación cientí­fica.

 

“Las lentejas aportan mucho hierro”

Cuando hablamos de alimentos que contienen hierro debemos tener en cuenta el tipo de hierro y su biodisponibilidad. Aunque las lentejas contienen importantes porcentajes de hierro, su biodisponibilidad (es decir, la facilidad con que nuestro cuerpo lo absorbe y asimila) es muy baja, por lo que no se les puede considerar una buena fuente de hierro.

 

“El aceite de olivano engorda”

El aceite de oliva es un alimento básico en nuestra dieta mediterránea, bien conocido por sus caracterí­sticas cardiosaludables debido a que contiene principalmente ácidos grasos monoinsaturados. También han sido estudiadas sus cualidades antioxidantes, importantes para el equilibrio de radicales libres en nuestro organismo. Tiene propiedades antiinflamatorias y contiene polifenoles que realizan una acción anticancerí­gena. La cuestión que debemos tener presente, paralelamente a los beneficios que se han observado, es que el aceite de oliva sigue siendo un alimento fundamentalmente fuente de lí­pidos o grasas y que, por lo tanto, aporta una cantidad considerable de calorí­as (unas 900kcal por 100g).

Hay que tener en cuenta este aspecto ya que una dieta equilibrada debe contener alimentos con cualidades como el aceite de oliva pero con un aporte calórico total acorde a las necesidades de cada uno, por lo que no se debe tomar libremente en las cantidades que deseemos solo porque sea sano.

 

“Si tenemos el colesterol alto hay que evitar comer huevos”

Durante muchos años el consumo de huevos fue duramente restringido por su contenido de colesterol. Así­, se eliminó prácticamente de la dieta (no solo de personas con problemas en sus niveles plasmáticos de colesterol, sino incluso de las sanas).

Pero varios estudios han ido desterrando esta idea ya que se ha demostrado que dentro de la composición del huevo destaca un mayor número de ácidos grasos insaturados que de saturados y su contenido en fosfolí­pidos (como la lecitina), cuya acción se asocia con la disminución de los niveles de colesterol “malo” LDL.

 

“Los adultos no deben tomar leche”

Hay opiniones que afirman que el consumo de leche en adultos está desaconsejado basándose en que  con la edad perdemos la capacidad de digerir este tipo de producto. Esto se considera así­ porque disminuyen en nuestro organismo las enzimas necesarias para ello y porque existen algunas opiniones sobre que la leche de vaca no es recomendable al ser de composición diferente a la leche materna humana, la cual serí­a la que tiene la mejor composición y relación de nutrientes adecuados para nuestra especie.

En cuanto a incompatibilidades se refiere, la intolerancia a la lactosa o a las proteí­nas de la leche es relativamente común, lo que impide el consumo de lácteos, limitando así­ la ingesta de la cantidad recomendada de calcio. Pero cuando no existe intolerancia o alergia alguna a los componentes de la leche debemos considerarla (así­ como a los productos lácteos) una fuente importante de calcio.

 

“Los alimentos integrales tienen menos calorí­as”

Aún existe hoy en dí­a la creencia de que por el simple hecho de que un alimento sea integral va a tener menos calorí­as que ese mismo producto sin serlo. Serí­a conveniente aclarar que esta diferencia de calorí­as no es tan grande.

La harina blanca de trigo contiene unas 364kcal por 100g y la harina integral de trigo contiene unas 339kcal por 100g. Las galletas tipo Marí­a pueden rondar las 450kcal por 100g y las galletas Marí­a integrales unas 436kcal por 100g.

Pero algunos de estos productos integrales pueden contener más grasas saturadas que los que no lo son. Lo que los diferencia es el contenido en fibra y las caracterí­sticas nutricionales que tienen (por ejemplo, ayudan a combatir el estreñimiento al ser productos que no podemos digerir y absorber y así­, facilitan el tránsito intestinal; también contribuyen a disminuir la absorción de colesterol y producen mayor sensación de saciedad).

 

“La fruta no se debe tomar de postre”

Cuántas veces hemos oí­do que tomar fruta como postre no es la mejor opción ya que engorda más que si la comiésemos entre horas. La fruta aporta vitaminas, minerales y fibra. Es un alimento básico en cualquier dieta saludable que se puede tomar en cualquier momento del dí­a, sin determinar si es de postre o no.

Existe la creencia de que la fruta fermenta si se consume como postre, pero lo cierto es que el proceso de digestión es el mismo independientemente de cuándo se consuma. El motivo que puede dar lugar a esta idea es que tomar fruta tras las comidas, en algunos casos, puede hacer más lenta la digestión. Pero, en contraposición, hay frutas como la piña o la papaya que facilitan la digestión de otros nutrientes, como las proteí­nas.

 

“No debemos mezclar hidratos de carbono y proteí­nas en una misma comida”

Existen dietas para la pérdida de peso en tiempo record basadas en no ingerir hidratos de carbono y proteí­nas en una misma comida, pues se centran en la idea de que al ingerirse simultáneamente, nuestro cuerpo no es capaz de digerirlos de forma adecuada. Pero lo cierto es que nuestro aparato digestivo está preparado para digerir alimentos que contengan en su composición varios nutrientes y que los sistemas enzimáticos que ayudan a digerir los diferentes nutrientes, son especí­ficos para cada nutriente y cada molécula por lo que no hay margen de error.

 

“Los frutos secos engordan mucho”

Los pistachos, las nueces o las almendras son alimentos de alto valor calórico, pero también de una elevada densidad nutricional. Con esto queremos decir que aportan no solo calorí­as, sino nutrientes tan importantes como grasas insaturadas y minerales. De hecho, en su composición la proporción de grasas insaturadas, cardiosaludables, es superior a la de grasas saturadas. De los minerales que aportan encontramos el calcio, magnesio y hierro. Por ello los frutos secos son una pieza clave en las dietas vegetarianas. Tampoco podemos olvidarnos de la fibra y de sus beneficios. Por ello el consumo de frutos secos es totalmente recomendable, siempre en su justa medida, como cualquier alimento altamente calórico, evitando los fritos y salados y optando por los que se encuentran al natural.

 

“Los productos Light no engordan”

Estos productos aportan al menos un 30% menos de calorí­as con respecto a los alimentos normales. Es una reducción importante pero no por ello, al tener menos calorí­as, podemos comerlos libremente ya que a la larga estaremos ingiriendo más calorí­as que si comiéramos alimentos normales pero en menor cantidad.

Hay estudios que indican que incluso las personas que toman refrescos Light a diario tienen más probabilidades de padecer problemas cardiovasculares o diabetes.

Por ello, debe haber un equilibrio en lo que ingerimos. No todos los alimentos tienen que ser Light en una dieta para que ésta sea más sana, sino que el aporte de nutrientes y calorí­as deberá estar balanceado.

 

Raquel León Larios

Diplomada en Nutrición Humana y Dietética

rllnutricion@gmail.com

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